Daniel Martin Rincón: Mientras la pierna izquierda sirve como punto de apoyo, el pie derecho se levanta del suelo: los escondites ambulantes

Daniel hace escondites que toca cargar. No son refugios a los que uno llega para quedarse: son cosas que uno se pone encima, que tapan y que después hay que mover. La imagen de partida no está en la sala, está en la calle: un cuerpo pequeño que avanza debajo de un volumen que lo cubre y lo desborda. De ahí sale todo lo demás. Todo aquí cubre algo y cubrir no es esconderse. Es otra manera de aparecer: el que se disfraza no desaparece, se hace notar.

Para que algo se mueva, otra cosa tiene que quedarse quieta. Por eso el reposo y el movimiento no se reparten la sala en mitades: son la misma forma. La muestra funciona por pares que no se pelean: fiesta y velorio, reposo y tránsito, lo serio y la recocha. Nada se deja quieto el tiempo suficiente para que uno lo abra y le revise el mecanismo. A uno le quedan las ganas de haberlo abierto y las manos en el aire: toca verlo mientras pasa y mirarlo irse.

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